En un
país donde es evidente la falta de perfiles académicos egresados de carreras de
ingeniería, resulta incongruente que instituciones como el Instituto
Politécnico Nacional hayan pretendido compactar su curricula para que sus
alumnos limiten sus conocimientos y concluyan sus estudios solo como técnicos
superiores y no como ingenieros.
Esa fue la razón principal por la que estudiantes del IPN han tomado las calles para protestar en contra del nuevo reglamento de la institución que "tecnifica" la educación y exigen la consolidación de un nuevo plan de estudios que corresponda con las necesidades de cada especialidad y a la demanda laboral del sector tecnológico.
La postura de los estudiantes adquiere mayor validez si se considera que las proyecciones revelan que en los próximos cuatro años se requerirán un mínimo de 135 mil especialistas relacionados con el sector energético, de los cuales, solo el 20 por ciento serán de educación superior o posgrado, según el Programa Estratégico elaborado por la Secretaria de Energía, la SEP y CONACYT.
De ahí el temor fundado de que esta compactación académica propicie el abaratamiento de la mano de obra que pueda ser contratada en el marco de la Reforma Energética, un hecho que impactarla no solo a los egresados del IPN, sino que marcará definitivamente a las futuras generaciones de mexicanos y las oportunidades de desarrollo a las que puedan acceder.
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