viernes, 28 de noviembre de 2014

Un estado de media tabla

El Instituto Mexicano de la Competitividad ubica a San Luis Potosí en el lugar número 17 de su Índice Anual de Competitividad Estatal, un lugar a media tabla que deja mucho que desear para una entidad que posee inmejorable ubicación geográfica, conectividad carretera y ferroviaria, mano de obra calificada y estabilidad laboral.


No es nuevo que estados como Nuevo León, Querétaro y el Distrito Federal se encuentren en los primeros sitios de este indicador, pero la noticia es que ahora también nos superan Aguascalientes y Baja California Sur.


Los niveles de ingresos per capita, de inversión y del índice de talento en San Luis Potosí aun distan mucho de ser suficientes, lo mismo que los medianos resultados en indicadores clave como gobierno, derecho, innovación y sociedad, los cuales son parte de sus principales debilidades.


Esos datos contrastaron con las cifras de las entidades mejor ubicadas en el ranking del Imco, que en este estudio 2014 fueron, como ya señalaba, Distrito Federal, Baja California Sur, Aguascalientes, Nuevo León y Querétaro.


Estos cinco territorios tuvieron un PIB per capita de 166 mil pesos, una inversión como proporción de su población económicamente activa de 100 mil pesos, y un índice de talento de 19.


Entre las fortalezas de estas entidades y que también las llevaron a situarse en los primeros lugares del índice fueron sus datos sobre economía, innovación, relaciones internacionales y por ser precursores en varios ámbitos.


Es un hecho que con la aprobación de las reformas estructurales, las entidades pueden sacar provecho para mejorar su posición económica y por ende también abrirse hacia una mayor competitividad, pero la acción y omisión de cada región del país y sus respectivas autoridades pueden frenar o impulsar esos beneficios.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Tarjetas al tope, y ¿ahora qué?

Pasó El Buen Fin y la realidad económica de nuestra cartera nos golpea en la cara. Aún no llegan los festejos decembrinos y nuestras tarjetas de crédito ya se encuentran al tope o muy cerca de estarlo. ¿Cómo podemos hacer frente a los festejos navideños y por fin de año sin quebrantar aún más nuestras finanzas personales?

Lo primero es realizar un ejercicio honesto para hacer un corte de caja de nuestras deudas, sumar lo que debemos contra lo que recibimos por ingresos para verificar cómo hemos estado haciendo frente a los pagos y en cuales es necesario aportar un poco más para reducirlos. En esta reflexión es imperativo tener claro que no podemos retrasarnos en los pagos de ninguna manera, porque en automático estaríamos ahorcando nuestras posibilidades de salir de deudas. Además, si tenemos tarjetas de crédito, el banco congelará en automático nuestra línea para evitar que nos sobre endeudemos y nos haremos acreedores a un mal historial en el Buró de Crédito.

No obstante, si tenemos más de una tarjeta de crédito también se vale elegir a cual le asignamos mayor monto para reducir la deuda, depende de la tasa de interés o el Costo Anual Total (CAT) que mayor problema nos genere, lo importante es no perder de vista que son compromisos por pagar cuanto antes.

 Como decían las abuelas, “no hay que destapar un hoyo para tapar otro”, es decir, no es saludable hacernos de préstamos informales para intentar liquidar las deudas, porque la tasa de interés que nos generen puede ser engañosa y corremos el riesgo de pagar aún más por esta nueva deuda. Una opción válida es reestructurar nuestro crédito, pero es importante tomar la decisión antes de presentar atraso en nuestros pagos y acumular intereses, porque de esta forma, el banco bajará nuestra taza y negociará plazos con nosotros, pero invariablemente, la reestructura también se reflejará en nuestro historial crediticio.

Un aspecto fundamental, es que mientras estemos pagando deudas debemos ser conscientes de no utilizar nuevamente las tarjetas de crédito o hacernos de un nuevo plástico, porque estaríamos nuevamente gastando más de lo que podemos pagar.


Y sobre todo, ante la algarabía que se avecina por las posadas, intercambios de regalos, festejos navideños y celebraciones de fin de año, es fundamental realizar sólo compras inteligentes y no excedernos para quedar bien con el pretexto de que recibiremos aguinaldo o ahorros. Debemos visualizar cómo queremos iniciar el mes de enero de 2015: con una cruda moral por las nuevas deudas o fortalecidos porque logramos reducirlas.

viernes, 14 de noviembre de 2014

“El Buen Fin” ¿Tarjetazo Time?

Inicia la cuarta edición de El Buen Fin y con ella, miles de ofertas o en algunos casos, simulacros de ellas, que buscan atraer la atención de los consumidores mexicanos y nuestra débil habilidad para analizar la realidad de las propias finanzas personales.


Tentados por los increíbles precios, la publicidad (“compro y luego existo”), las redes sociales y ese impulso por adquirir lo que no necesitamos, es frecuente que para hacer frente a esta inmejorable oportunidad se recurra a la tarjeta de crédito para saciar el instinto materialista que todos llevamos dentro.


Pero ¿es tan malo utilizar el plástico como dicen?¿es tan conveniente cazar ofertas a costa del crédito?


Ambas respuestas pueden ser positivas o negativas, según la perspectiva del bolsillo que lo mire. Y es que no en todos los casos es una mala idea hacer uso de la tarjeta de crédito. El nombre de juego se llama planeación.


Si durante todo el año consideramos aprovechar la fecha para la adquisición de un bien, pagar un viaje, o renovar guardaropa para la familia, y se ha analizado cuidadosamente el límite del crédito al que se puede acceder o incluso la posibilidad de liquidarlo a fin de año en su totalidad con aguinaldo o fondo de ahorro, estamos frente a una buena posibilidad de dinero bien empleado.

Por el contrario, si salimos a las tiendas con la mente en blanco, deseosos de dar gusto a la pareja, amigos, familia o a uno mismo con cualquier capricho; el uso de la tarjeta de crédito se convertirá en una peligrosa arma que estaremos pagando a 36 meses sin intereses.


La comparación de precios y beneficios entre un establecimiento y otro, se vuelve una tarea precisa para los que busquen aprovechar El Buen Fin, así como la necesidad de evaluar el máximo de nuestra capacidad de endeudamiento para no excedernos y vernos en problemas.


Y por último, una señal inequívoca de lo inteligentes que podemos ser ante esta estrategia de descuentos, es preguntarnos si al finalizar este 2014 aún seguimos pagando la espléndida cena que consumidos durante El Buen Fin del 2011.



viernes, 7 de noviembre de 2014

El miedo al cambio en las organizaciones

No hay nada más costoso para las empresas que la resistencia al cambio en sus colaboradores. Por una condición humana, los integrantes de una organización manifestamos esa oposición natural a modificar nuestra forma habitual de hacer las cosas, más aún cuando no escogimos ni fuimos partícipes de esa opción.

Ante la noticia de que habrá un cambio en el esquema de trabajo, ya sea a partir de nuevos métodos o mediciones del rendimiento laboral, o por un drástico movimiento de personal hacia otra área, la reacción casi instantánea es rechazarlo, porque en la mayoría de las empresas no se prepara a sus trabajadores en el tema, y los jefes no logran ser asertivos en el mensaje: un cambio que implicará un beneficio económico para ambas partes, mayor productividad o mejores condiciones para desempeñar su puesto.

La gestión del cambio sin duda es el mayor desafío para los líderes de las organizaciones hoy en día, ya que la convicción de la necesidad del cambio debe ser el principal motor que los impulse y los lleve a transmitir las ventajas de dicha modificación a sus gerentes o jefes de área, a fin de que con la misma certeza logren vender la idea a sus subalternos.

Sin embargo, históricamente los mexicanos hemos desarrollado esa resistencia a la necesidad de crecimiento que una empresa u organización debe emprender, simplemente porque no hemos logrado transmitir que el cambio es sinónimo de oportunidad y la mayor oportunidad que brinda el cambio es el aprendizaje.

Muchas son las Pymes que se han quedado en el camino por la resistencia al cambio, porque aunque el dueño del negocio se encuentre convencido de los beneficios que éste pueda generarles, no considera las condiciones particulares de sus colaboradores para conectar la idea y convencerlos. Incluso grandes organizaciones públicas o privadas limitan su capacidad de satisfacción al cliente porque no todos los miembros se encuentran convencidos de la importancia del cambio.

Ante el escenario cada vez más globalizado que nos ha tocado vivir, la gestión del cambio se convierte en una de las habilidades más codiciadas, una característica invaluable en los perfiles que buscan los reclutadores de talento humano, porque saben que del desarrollo de esa competencia, depende en gran medida el éxito de los proyectos de transformación que la empresa realice para renovarse y no morir en la nostalgia del “todo tiempo pasado fue mejor”.