No hay nada más costoso para las empresas que la resistencia al cambio
en sus colaboradores. Por una condición humana, los integrantes de una
organización manifestamos esa oposición natural a modificar nuestra forma
habitual de hacer las cosas, más aún cuando no escogimos ni fuimos partícipes
de esa opción.
Ante la noticia de que habrá un cambio en el esquema de trabajo, ya sea
a partir de nuevos métodos o mediciones del rendimiento laboral, o por un
drástico movimiento de personal hacia otra área, la reacción casi instantánea
es rechazarlo, porque en la mayoría de las empresas no se prepara a sus
trabajadores en el tema, y los jefes no logran ser asertivos en el mensaje: un
cambio que implicará un beneficio económico para ambas partes, mayor
productividad o mejores condiciones para desempeñar su puesto.
La gestión del cambio sin duda es el mayor desafío para los líderes de
las organizaciones hoy en día, ya que la convicción de la necesidad del cambio
debe ser el principal motor que los impulse y los lleve a transmitir las
ventajas de dicha modificación a sus gerentes o jefes de área, a fin de que con
la misma certeza logren vender la idea a sus subalternos.
Sin embargo, históricamente los mexicanos hemos desarrollado esa
resistencia a la necesidad de crecimiento que una empresa u organización debe
emprender, simplemente porque no hemos logrado transmitir que el cambio es
sinónimo de oportunidad y la mayor oportunidad que brinda el cambio es el
aprendizaje.
Muchas son las Pymes que se han quedado en el camino por la resistencia
al cambio, porque aunque el dueño del negocio se encuentre convencido de los
beneficios que éste pueda generarles, no considera las condiciones particulares
de sus colaboradores para conectar la idea y convencerlos. Incluso grandes
organizaciones públicas o privadas limitan su capacidad de satisfacción al
cliente porque no todos los miembros se encuentran convencidos de la
importancia del cambio.
Ante el escenario cada vez más globalizado que nos ha tocado vivir, la
gestión del cambio se convierte en una de las habilidades más codiciadas, una
característica invaluable en los perfiles que buscan los reclutadores de
talento humano, porque saben que del desarrollo de esa competencia, depende en
gran medida el éxito de los proyectos de transformación que la empresa realice
para renovarse y no morir en la nostalgia del “todo tiempo pasado fue mejor”.
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