Inicia la cuarta edición de El Buen Fin y con ella, miles de ofertas o en algunos casos,
simulacros de ellas, que buscan atraer la atención de los consumidores
mexicanos y nuestra débil habilidad para analizar la realidad de las propias
finanzas personales.
Tentados por
los increíbles precios, la publicidad (“compro y luego existo”), las redes
sociales y ese impulso por adquirir lo que no necesitamos, es frecuente que
para hacer frente a esta inmejorable oportunidad se recurra a la tarjeta de
crédito para saciar el instinto materialista que todos llevamos dentro.
Pero ¿es tan
malo utilizar el plástico como dicen?¿es tan conveniente cazar ofertas a costa
del crédito?
Ambas
respuestas pueden ser positivas o negativas, según la perspectiva del bolsillo
que lo mire. Y es que no en todos los casos es una mala idea hacer uso de la
tarjeta de crédito. El nombre de juego se llama planeación.
Si durante todo
el año consideramos aprovechar la fecha para la adquisición de un bien, pagar
un viaje, o renovar guardaropa para la familia, y se ha analizado
cuidadosamente el límite del crédito al que se puede acceder o incluso la
posibilidad de liquidarlo a fin de año en su totalidad con aguinaldo o fondo de
ahorro, estamos frente a una buena posibilidad de dinero bien empleado.
La comparación
de precios y beneficios entre un establecimiento y otro, se vuelve una tarea
precisa para los que busquen aprovechar El Buen Fin, así como la necesidad de
evaluar el máximo de nuestra capacidad de endeudamiento para no excedernos y
vernos en problemas.
Y por último,
una señal inequívoca de lo inteligentes que podemos ser ante esta estrategia de
descuentos, es preguntarnos si al finalizar este 2014 aún seguimos pagando la
espléndida cena que consumidos durante El Buen Fin del 2011.
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